¿Cómo llegué hasta acá?
Qué difícil es sentarse a escribir sobre una misma y repasar lo que una fue atravesando. Digamos que llegué por instinto, sin saber muy bien a qué venía. No tengo familiares docentes, ni un mandato familiar que me acercara a la educación.
Para mí, la escuela era simplemente ese lugar al que había que ir, cumplir y salir. Lo que sí sabía, y sentía con mucha fuerza, era que me gustaban y empatizaba con los niños y las niñas.
Así fue como me anoté en el profesorado, casi sin pensarlo demasiado. Empecé en marzo de 2020... justo cuando el mundo se cerraba por una pandemia. Empecé sin saber qué era enseñar, sin entender del todo qué significaba acompañar infancias. Pero con el tiempo, entre decisiones importantes, algunos cuatrimestres difíciles y momentos donde todo se hacía cuesta arriba, me fui descubriendo en esta profesión.
Tengo la suerte de haber podido trabajar en un jardín mientras estudiaba, lo que me permitió ver a los niños y a las niñas en acción, emocionarse, preguntar y crear, al mismo tiempo que aprendía teoría. Experimentar la práctica me hizo dar cuenta que hay muchas cosas del “librito” que nos enseñan que suceden, pero otras no, y ese es uno de nuestros desafíos.
Hoy, en este último cuatrimestre, miro hacia atrás y me emociona ver todo lo recorrido. Rompí muchos prejuicios propios, me abrí a lo nuevo y descubrí algo que no sabía que estaba buscando y que realmente me di cuenta que disfruto. Me gusta mucho esta profesión y me llena ver crecer a cada niño y niña creciendo, ver sus inquietudes y contemplar su manera única de habitar el mundo.
Comentarios
Publicar un comentario